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Muchos creen que irle al América es simplemente apoyar a ese gran equipo cada fin de semana en sus encuentros contra el resto de la chusma de equipos de México y América. No muchos se dan cuenta del trabajo que implica ser americanista, es un trabajo muy demandante, que exige lo mejor de ti todos los días de la semana, no únicamente el domingo.
Lo primero que se da cuenta una persona cuando se convierte al americanismo, es que habrá otros tantos millones de personas que ya sea por envidia, coraje o algún otro sentimiento desagradable no nos quieren ni nos respetan como deberían. Todo el que no sea americanista es antiamericanista, así de fácil, el América no es el segundo equipo de nadie, o le vas al América o lo odias. Por si solo esto ya implica que todos los americanistas tenemos que estar siempre pendientes de los posibles ataques que vamos a recibir de la gentuza antiamericanista. Con el paso de los años un americanista aprende a lidiar hábilmente con los insignificantes ataques de esta gente.
Una de las labores más demandantes de un americanista es ser nefasto. Así es, hay que ser completamente nefastos, el América es el más grande y no tenemos porque decir otra cosa. Si el América está en último lugar, es porque les estamos dando chance; Si el América está en su peor temporada de la historia, no importa porque podemos ir a Brasil y ganarle 0-3 al Flamengo y somos los más grandes del continente; El América en sus años más tristes, no importa porque nuestros hijos azules no nos ganan ni en sueños; Si vivimos la peor temporada de la historia no importa porque tenemos en Ochoa al mejor portero y en Cabañas al mejor delantero de los últimos años en México. Y ni que decir cuando estamos en buenos tiempos, hay que ser aún más nefastos, hay que recordarle a todos los insignificantes antiamericanistas lo insignificantes que son a cada momento de sus insignificantes vidas; Si dicen que compramos campeonatos no nos importa, ellos pinches jodidos que no les alcanza. Esta labor aunque muy divertida es también muy demandante, requiere nuestro esfuerzo y compromiso diario como americanista.
No es fácil vivir con la envidia, coraje y odio de los aficionados a los demás equipuchos de México. Salir a la calle con una playera del América (aun en el DF) es un arma de doble filo: De una mentada de madre no te salvas seguro, pero también habrá más de un hermano águila que te recuerde que no estás solo. Supongo que este fenomeno se ve multiplicado en provincia donde salir a la calle con una playera del equipo más grande será motivo de insultos y mentadas.
El mejor ejemplo de un americanista hecho y derecho es Cuauhtémoc Blanco, odiado por la mitad de México e idolatrado por la otra mitad. Los que lo odian, no tienen una razón de peso para hacerlo, no pasan de pretextos como: "Es un naco", "Es un ñero", "Es americanista", pero eso sí, todo México festejó ese gol contra Bélgica (nadie lo olvidará jamás). Sus celebraciones burlándose del contrario, sus golpes a Faitelson, sus mentadas de madre, todo eso es un claro ejemplo del típico comportamiento de un americanista (llevado al extremo). Incluso la directiva americanista ha hecho algo que no se ve muy seguido en México y ha retirado el número 10 del américa por 5 años, sólo un verdadero ídolo merece este reconocimiento.
El americanista sabe reconocer a sus ídolos; el Cuauh, Reynoso, Zague, Ochoa, Cabañas por mencionar algunos. Estos son elevados a un estatus de dioses del futbol, el americanista se encarga de recordarle a los demás pelafustanes antiamericanistas que ellos jamás podrán tener ídolos de tal magnitud. Es mas, los ídoluchos de los demás equipos los compramos para luego hacerlos pedazos en el nido, luego estos regresarán a sus equipuchos donde volverán a ser ídolos, pero dejando en claro que en América sólo triunfan los más grandes.
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